20 Julio 2008.
Hoy no tengo muchas energías para hablar de las políticas de América Latina, a pesar de lo interesante que el panorama se está presentando en estos años, en estos días, en estas horas.
Estamos acercandonos a los 200 años de vida independiente del colonialismo español. La historia de mi patria sin embargo se remonta a milenios atrás, porque ya existían comunidades habitando la geografía de lo que sería México.
La historia de mi país demuestra muchas veces cierta propensión a los ciclos. A veces duran cien años, a veces diez, pero se repite el encumbramiento de una visión de país que cae derrotada ya sea por la realidad o por otro proyecto. El caso es que nos acercamos a un estado de confrontación y crispación a dos años de conmemorar cien años de la llamada Revolución Mexicana, una revolución que sin faltar al respeto a mis hermanos bolivianos (saludos Imar Antezana) a penas inician en algunos países como Perú y la ya mencionada Bolivia. Entre otras características destacaría el carácter laico y gratuito de la educación, la noción de repartición de la tierra así como la subordinación del Ejército a las autoridades civiles.
Sin embargo la confrontación y la polarización generadas por las elecciones presidenciales del año 2006 han generado un escenario que obliga a pensar la celebración de los centenarios mexicanos bajo una doble luz, la cuyuntura del momento y el exámen crítico de los resultados de los dos movimientos, el libertario y el revolucionario.
Hoy simplemente podemos hablar de esta nota análisis publicado en La Jornada, los alimentos en el país han duplicado su valor y se presiona el abasto de alimentos ante un escenario global de especulación. Lo más grave, se amplifica ante la falta de opciones para el abastecimiento de productos básicos que a decir del Mtro. Salvador Mena de la Universidad de Guadalajara dependen en México en un 70% de Estados Unidos. Lo cual hace necesario que firmemos un pacto alimentario como el de los países del ALBA.