Literatura y Fútbol.
Con algo de atraso leo el número de Luvina dedicado al cuerpo (Verano 2008) en él un texto hermoso de Morábito sobre la desaparición que se me antoja vila-matiano:
“Abandonar la portería se volvió para él un secreto desquite, ya no una travesura que lo llenaba de adrenalina. Sólo me ven cuando hago una parada espectacular, pensaba, no existo más que en esos momentos en que me cuelgo del balón a dos metros del suelo”.
Otros textos sobre el fútbol están incluidos en esta maravillosa revista dirigida por Silvia Eugenia Castillero que tiene hemeroteca en la red para descargarse el PDF.
La belleza está en quien mira.
Dice el viejo dicho… y dos miradas inteligentes sobre el fútbol abrieron Junio. Una desde Argentina y otra desde España. Puntos, no polos ni antípodas del desarrollo cultural en castellano.
Los argentinos desde el diario Página 12 ajustan cuentas con el mundial del 78. La agridulce experiencia del triunfo deportivo que ahogaba con gritos de gol y euforia las voces de los torturados, algunos a tiro de piedra de los estadios.
De España y previo a la Eurocopa se pusieron a pensar con los pies, en El País.
Historia relatada.
Todos tenemos ceremonias y tradiciones. Hasta los más desarraigados de nosotros se sienten en determinado momento impelidos a iniciar alguna. Es más, nuestro sistema capitalista aprovecha muy bien nuestra orfandad de ceremonias y nos ofrece siempre una.
Yo encontré la mía en los solares terregosos y en las canchas pedregosas de fútbol de la unidad revolución. Y mi primera ilusión fue convertirme en futbolista profesional, la vida sería siempre un juego y una batalla, conocería a mis rivales. Habría títulos y honores que conquistar, justo como leía en mi colección de la Historia Universal por capítulos… dados junto con el Tele Guía.
Empecé asistiendo a una convocatoria abierta por las Fuerzas Básicas del Club Guadalajara, lideradas entonces por el ahora casi mítico José Luis “El Güero” Real… jugué en total algo así como tres meses en las fuerzas básicas de las Chivas, hasta que me harté de ser banca en el equipo de segunda fuerza de las Chivas en Verde Valle. Fue entonces que decidí acortar mis traslados, de Tonalá a Zapopan, para ingresar a la más cercana academia del Atlas Tonalá, donde jugué por cerca de dos años y donde me desarrollé más. En ese tiempo era rápido y siempre he sido bueno con mi pie zurdo, así que ocupé la posición de lateral izquierdo ganando el torneo interno del Atlas en Tonalá.
Pero el Guadalajara siempre ha sido el equipo de mis amores. Y no soportaba estar en Atlas, así que mis padres me ayudaron para probarme una vez más en Chivas, esta vez en el equipo A de Chivas Expo Gol. El Club Deportivo Guadalajara era manejado entonces por el dueño de Mexlub, y todo era acerca de hacer negocio… sin importar eso jugué mi último año como aspirante a futbolista profesional en ese equipo, con el que llegué a la final de la Liga Cordica, la liga para las academias de futbol de la ciudad. Perdí contra el Atlas paradero por 2 a 0.
Rituales.
El fútbol permite la suspensión de las reglas que habitán al exterior del rectángulo de juego. Abre para los participantes en el ritual la oportunidad de probarse a si mismos, de exponer a la competencia su caracter y sus diferencias.
El ritual del fútbol es múltiple, es único e inequívoco para cada tipo de participante. Ya sea para el jugador promedio, para el profesional, para el aficionado o para el aficionado práctico. Otro es el ritual del cronista, el del relator de esas hazañas. No puedes realizar una crónica futbolística como se realiza una crónica ordinaria. Al hablar sobre fútbol tienes que incluir el lado mitológico, el que situa la acción del juego fuera de la esfera de lo normal. Al eliminarse el campeón del torneo no se va un simple competidor, ni una marca ni el dinero de los patrocinadores… para el aficionado significa que un trono está vacante.
El del jugador es el ritual por excelencia. Su existencia se juega cada partido, durante 90 minutos un olimpo demasiado poblado le exige lo inhumano; cada partido reescribe su historia y le permite proyectarse en otros seres humanos.
El Gol.
Eduardo Galeano.
“El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.
Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos.
El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco. El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire”.
El Aficionado Práctico… el Amateur.
Mario Benedetti.
“O somos amater o somos profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden de vos”.
La melancolía del hombre trabajador.
Dice el chiste que entre más dinero, más chicas las bolas. Y es que del Fútbol al Golf, pasando por el Basquetball y el Baseball, la escala habla de diferencias socioeconómicas. Mientras que las habilidades más que básicas, endémicas de todo gran futbolista pueden desarrollarse a partir de patear una pelota de trapo, el golf requiere espacios, caros juegos de palos y pelotas pequeñas.
El fútbol mexicano, y en los mejores casos europeos, es una enfermedad del espíritu para los trabajadores. No es en Liverpool más querido el equipo rojo y homónimo… en esa ciudad, la más pobre de Inglaterra (La ocupación es del 65% de la población activa frente a una media británica del 74% ) el equipo favorito no es el cosmopolita Liverpool FC, campeón de Europa. No. El equipo de Liverpool es el Everton. Fundado en 1878 y con gran arraigo en el distrito de Everton donde se levanta la torre del Príncipe Rupert que está en su escudo.
En México el equipo con más arraigo es el de la ciudad. Se viven los colores porque en la semana estos no se quitan de encima junto con el jersey del equipo. Como en la región del Rhur, en Alemania, donde el Borussia Dortmund y el Schalke 04 se disputan la honra de la extensa clase trabajadora del valle del río.
Y así como los colores no se quitan despúes de la batalla, la tristeza de la derrota solo es menguada con un nuevo sacrificio. La verguenza no es motivo para el abandono, todo lo contrario. El flagelo de las burlas y la humillación de las derrotas son medallas a la resistencia y la fidelidad.