
muy tarde ya para el calor...
El silencio me lo impone mi cuerpo, como en el poema de Gorostiza un dios inasible me sujeta dentro de mi piel. Soy el testigo privilegiado de mi descomposición moral, mental y sentimental. Me pregunto, porque ya no lo tengo tan claro, si los días en lo que te amo son lo normal, o si los días donde salgo a buscarte para matarte son los días en que estoy completamente lúcido. Así las cosas… jamás te recuerdo porque nunca te olvido… no recuerdo cual era la guarida favorita de mi cuerpo, ahí donde tenía sentido sentir. Donde la punta de mis dedos no era una frontera sino un puente tendido hacia el verdadero hogar.
Días extraños estos de llenarme las arterias de etcéteras, de resguardar el corazón y apretar las manos. Días donde las horas se me pasan en contemplaciones estériles, en besos banales, y en un cuerpo extraño. Días donde el rumbo de mis sueños coincide con el de tus pesadillas.
