
el camino es el destino
“Well, I return to the Queen of Spades
And talk with my chambermaid.
She knows that I’m not afraid
To look at her.”
“I want you”, Bob Dylan.
Quiero entenderlo.
Esto no lo digo para que lo sepan, para que me paren en los bares o en la oficina y me den su opinión. Quiero entenderlo. Es más lo entiendo. Quiero decir, que lo entiendo y quiero ver (diciendolo en voz alta) si lo entendí bien. Esto probablemente lo escribo para tí G.
Quiero empezar por explicarte (hay tanto que explicar que uno diría que nunca terminaría de hacerlo) porque somos letras solamente en este siempre incompleto relato de la vida y absurdo humanos. Somos G. o M. o V. porque los nombres completos (los apellidos, los títulos y los trabajos) nos atan siempre a una definición un tanto burda de lo que somos, hacemos e incluso deseamos… seamos letras entonces… en esa infinita posibilidad de combinación que se dificulta cuando incluimos nombres y apellidos.
G. con la sonrisa más parecida al papel secante (aquél de las ceremoniosas escrituras japonesas) capaz de absorver al mundo, no quiso comprender que lo que “es” no existe para ser interpretado sino para ser vivido…
G. ésta es la canción… Bob Dylan fraseando correctamente “I want you” siempre unido a ese espíritu del “Blonde on Blonde”… y para mí… al fragmento de “I’m not there” donde más posible (aunque frágil humano y estúpido) parecía el amor.

And the cats...
G. ese “I want you” a pesar de ser inocente (no sé si hablo de Dylan o de mí) tiene toda la carga de saber que no será eterno, todo el peso de la verdad sobre los hombros que da conocer esa pequeña mezquina verdad: nada es para siempre.
Eso y nada más G. es lo que hay… Carpe Diem.
1 comentario
Marzo 29, 2009 a las 3:00 pm
(también, un tanto remoto, el placer culposo de acelerar la moto, aunque se intuyera un camino tan accidentado como breve)